El Juzgado de Primera Instancia Nº 44 de Madrid estimó los argumentos de la Asesoría Jurídica de AVINESA, al considerar acreditada que la actuación médica prestada a la paciente tanto durante la operación, uso inadecuado de una manta eléctrica, como en el postoperatorio, al no haber sido tratada en una Unidad de Quemados, a la vista de su edad y extensión de las quemaduras, ni valorada desde primer momento por un especialista en cirugía plástica, no se ajusta a la buena praxis médica.

 

Hechos acaecidos que se resumen de la siguiente forma:

I. La paciente, de 74 años de edad, fue intervenida en el Hospital Moncloa de Madrid a través de ASISA, el 5 diciembre 2012, como consecuencia de una aneurisma de aorta abdominal (AAA) infrarenal, diagnosticada en el año 2003 y que aumenta de tamaño en los últimos años. Se realizó un By-pass aorto aórtico y colocación de una prótesis de dacron de 16 mm de diámetro. Se realiza profilaxis quirúrgica con cefazolina 2 gramos intravenosos y se colocó una manta de calor que envuelve los miembros inferiores de la paciente durante la intervención, con el fin de prevenir la hipotermina durante la misma.

En el postoperatorio inmediato, en la UCI, se objetiva la existencia de “QUEMADURAS POR LA MANTA DE CALOR”, que finalmente le llevaron a la muerte, tal y como reflejó el informe forense.

 Es un hecho indubitado que provocar quemaduras en un paciente con una manta eléctrica de tal envergadura que evolucionen con un shock séptico y fallo multiorgánico supone una mala praxis médica tanto en la regulación inadecuada del calor que proporcionaba la manta como en la falta de supervisión de la persona responsable de su utilización, al tratarse de un daño evitable.

II. Desde que le fueron objetivadas las lesiones en UCI hasta el alta hospitalaria (15 de diciembre), la médico-perito de la Asesoría Jurídica de AVINESA especialista en microbiología, recoge en su informe las siguientes irregularidades que influyeron en el resultado final:

  • No se recogieron cultivos para descartar/confirmar la posibilidad de infección, máxime cuando hubo un cambio de antibioterapia.
  • Sorprende que en las hojas de enfermería y evolución se hiciera constar que la paciente no tenía infección y, sin embargo no sólo le pautaron 3 antibióticos distintos sino que la PCR y CPK estaban elevadas de forma alarmante.
  • El antibiótico pautado al alta era inadecuado tanto por la dosis como por carecer de cobertura antipseudomónica.

Por su parte, el cirujano especialista en Cirugía Plástica critica tanto el hecho de no haber sido tratada la herida por especialista en la materia desde el primer momento, como no haber sido tratada en una Unidad de Quemados, a la vista de su edad y extensión de las quemaduras, tal y como consta en los distintos protocolos ya que son criterios unánimes de la American Burn Asociattion (organización de referencia mundial) recogidos por  el Sistema Nacional de Salud español.

III. La historia clínica de la paciente permite apreciar que desde el alta médica hasta el fallecimiento se produjeron múltiples incorrecciones, permitiendo que la paciente estuviera desde el 15 de diciembre al 3 de enero en su casa sin atender por especialista, salvo curas en consulta externa dos veces por semana, no enviando muestras para análisis a microbiología para detectar de forma precoz la infección, el patógeno responsable y aplicar un tratamiento correcto, instaurando una antibioterapia sistémica empírica, que resultó ineficaz y contraproducente además de favorecer la infección por hongos.

Por consiguiente, el inadecuado manejo desde el punto de vista infeccioso, junto con factores coadyuvantes negativos como la edad de la paciente, inmunodepresión, medicación, agotamiento, dolores continuos, efectos ateromatósicos secundarios de la cirugía vascular y diversas insuficiencia orgánicas, llevaron a la paciente al estado de shock séptico. Factores todos ellos conocidos y evidentes que debieron tenerse en cuenta a la hora de tratar a la paciente, con mayor cuidado y diligencia, para lograr un diagnóstico más precoz, que hubiese podido permitir combatir más eficazmente la infección y su posible resultado.

Sólo a partir de que el diagnóstico fue el correcto: “sepsis”, los análisis microbiológicos y antibióticos prescritos fueron los correctos, no evitando, sin embargo, la aparición de focos infecciosos respiratorios, necrosis tibial y endocarditis infecciosa, que contribuyeron, con los factores negativos citados a provocar el fallo multiorgánico que condujo a la parada cardiorespiratoria letal.

El 13 febrero se efectuó la autopsia que se completa el 20 mayo 2013, determinando que la causa fundamental de la muerte son quemaduras por acción del calor, derivadas por contacto directo con objeto caliente, siendo la causa intermedia un fallo multiorgánico por cuadro séptico y la causa inmediata una parada cardiopulmonar.

Por consiguiente, se incurrió en mala praxis en el tratamiento y diagnóstico de las quemaduras, que condujo al resultado letal final, habiéndose ocasionado a su vez las mismas de forma originaria por negligencia en la intervención quirúrgica inicial por la manta térmica que estaba en mal estado o indebidamente colocada, sin información alguna del riesgo que podía conllevar.

Tras presentar la correspondiente acción judicial el Juzgado estima la demanda condenando y valorando los daños y perjuicios causados en la cantidad de 128.454,04 euros imponiendo los intereses de mora del artículo 20 de la LCS desde la fecha del siniestro (fallecimiento en este caso que tuvo lugar 11 de febrero 2013), lo que equivale a 40.574,76 euros, toda vez los dos primeros años se calculan al interés legal más el 50% y el resto al 20%.