El Juzgado de Primera Instancia número 21 de Madrid ha estimado la demanda presentada por la Asesoría Jurídica de AVINESA, condenando a un cirujano plástico al pago de una indemnización de más de 32.000 euros por las secuelas que le ocasionó una mentoplastia.

La afectada acudió por primera vez a la consulta del condenado el día 14 de noviembre de 1997, con el fin de mejorar su imagen, presentando una rinomegalia con gibosidad y retrusión mentoniana, siéndole indicada la intervención en nariz, tabique y mentón.

El 23 de abril de 2002, acudió nuevamente a la consulta del condenado para manifestar su deseo de operarse únicamente del mentón, teniendo lugar la intervención el 15 de julio de 2002 en el Hospital Virgen de la Paloma de Madrid, y siendo dada de alta el mismo día de la intervención, quitando micropores cinco días después y los puntos en revisión el día 27 del mismo mes. La paciente siguió revisiones en varias ocasiones.

Dos meses después de la intervención, la paciente manifestó que sufría molestias de la cicatriz y que no podía estirar el labio, volviendo a consulta el 21 de enero de 2003 manifestando falta de sensibilidad en el centro del labio inferior, por lo que se solicitó ortopantomografía, tras lo que se acordó sustituir la prótesis por una de menor tamaño.

El 14 de marzo de 2003 se procedió a nueva intervención para sustituir la prótesis, sin embargo, la paciente continuó refiriendo molestias un mes después, por lo que acudió el 17 de junio de 2003 a la consulta del condenado con un informe de la SECPE que aconsejaba la retirada de la prótesis del mentón, lo cual se llevó a cabo en el mismo acto quirúrgico de realización de una rinoplastia el día 22 de octubre de 2003, no acudiendo la paciente más a consulta.

La afectada tuvo que ser atendida en la Unidad de dolor, tanto por el dolor ocasionado tras la intervención como por el cuadro depresivo que presentaba.

Para la estimación de la demanda, la Sala ha tenido en cuenta que se trataba de una cirugía satisfactiva, que la paciente decidió llevar a cabo para mejorar su aspecto físico, lo cual no tuvo lugar, ya que no se obtuvo el resultado perseguido. Asimismo, se ha tenido en cuenta la falta de consentimiento informado, ya que no consta en los documentos aportados que la paciente fuera informada de los posibles riesgos y secuelas que podría ocasionarle la intervención estética que iba a tener lugar.

Por esta razón, la Sala ha condenado al cirujano al pago de una indemnización de 32.273,90 euros a la paciente por los daños y las secuelas ocasionadas, más el cuadro de ansiedad, incluyéndose los daños morales y gastos generados a la demandante, más los gastos sufragados por la paciente para tratamientos y desplazamientos.