El Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana ha estimado en su totalidad el recurso presentado por la Asesoría Jurídica de AVINESA, en nombre de una menor que sufre ceguera bilateral a causa de un tumor que no fue detectado a tiempo.

En 1998, cuando la pequeña tenía 8 años, le fue detectada tensión alta, siendo por ello remitida al servicio de pediatría, persistiendo dicha circunstancia en las visitas que se realizaron posteriormente.

Meses después, el 20 de abril de 1999, tuvo que acudir al servicio de urgencias del Hospital Marina Baixa por presentar fiebre y vómitos, siendo diagnosticada gastroenteritis. Sin embargo, tuvo que ser atendida de nuevo cuatro días más tarde por presentar mareos, cefaleas y vómitos, siendo diagnosticada en esta ocasión de faringoamigdalitis.

El 3 de febrero de 2000 tuvo que ser atendida de nuevo por vómitos matutinos, cefalea frontal de larga evolución y pérdida de apetito, esta vez en Atención Primaria, desde donde fue remitida a Consultas Externas de Pediatría, donde se solicitó consulta a Psicología por la sospecha de anorexia.

Finalmente, el 30 de septiembre de 2000 tuvo que ser derivada a los Servicios de Urgencias del Hospital General Universitario de Alicante desde el Servicio de Pediatría del Hospital Marina Baixa, para que fuera observada por el Servicio de Oftalmología por presentar pérdida de visión en el ojo derecho. En esta exploración, se detectó un defecto pupilar aferente, por lo que fue derivada al Servicio de Pediatría para estudio neurológico, donde se realizó un TAC craneal que mostró la existencia de una masa con hidrocefalia obstructiva, siéndole diagnosticado un astrocitoma pilocítico de cerebelo, por lo que el 6 de octubre de 2000 fue intervenida quirúrgicamente para su extirpación.

Tras la intervención, presentaba síndrome de mutismo, dificultad para deglutir, debilidad y desmetría en las extremidades derechas y ataxia de la marcha, así como deterioro visual hasta la ceguera bilateral.

Dichas secuelas, según ha quedado acreditado por informe pericial, se debieron al grave deterioro que sufría el sistema nervioso después de haber estado sometido tanto tiempo a hipertensión craneal y edema, ya que de haberse detectado el tumor cuando aparecieron los primeros síntomas no habrían aparecido.

En cuanto a la atención recibida a partir del 30 de septiembre cuando fue detectado el astrocitoma pilocítico de cerebelo fue efectivamente correcta. Sin embargo, los síntomas que presentaba la menor con anterioridad ya hacían sospechar la existencia de presencia tumoral, por lo que se debió de realizar al menos una prueba diagnóstica tan simple como el fondo de ojo.

Por lo tanto, la Sala ha condenado a la Administración sanitaria al pago de una indemnización de 300.000 euros a la pequeña por las lesiones en sí y los daños morales, junto a una indemnización mensual vitalicia equivalente al salario mínimo interprofesional y 50.000 euros para adecuación de la vivienda, además, deberán de ser indemnizados sus familiares en 100.000 euros por daños morales.

Actualmente, la menor tiene reconocido un grado de minusvalía del 75% por Resolución de la Conselleria de Bienestar Social.