El Juzgado de Primera Instancia número 59 de Madrid ha estimado la demanda presentada por la Asesoría Jurídica de AVINESA, en nombre de una paciente que fue intervenida mediante liposucción en dos fases junto abdominoplastia por las secuelas que aparecieron tras estas intervenciones.

La afectada acudió a la Clínica Menorca para informarse sobre las posibilidades de mejoría estética, al haber desarrollado una lipodistrofia importante en abdomen y cuello, con atrofia en miembros superiores e inferiores, tras muchos años de estar sometida a tratamiento para el sida.

Inicialmente, le fue realizada una liposucción de abdomen anterior, y a los tres meses otra de ambos flancos y espalda. Sin embargo, tras la liposucción abdominal se produjo un serosa en la zona epigástrica que su cirujano decidió tratar de manera conservadora con masajes; la reabsorción del serosa condujo a una importante fibrosis dolorosa de la zona.

A los tres meses de la segunda fase de la liposucción, la afectada presentaba las siguientes secuelas: grasa persistente en abdomen, deformidad externa a la inspección y tumoraciones múltiples entre la piel y la pared abdominal a la palpación susceptible de mejora por cirugía plástica consistente en dermolipectomía reglada con liposucción complementaria.

Posteriormente, en septiembre de 2001 fue sometida a una abdominoplastia completa con transposición del ombligo. Se produjo una necrosis cutánea de la zona periumbilical que fue tratada de forma conservadora consiguiéndose un cierre por segunda intervención.

Actualmente, la paciente presenta una cicatriz en hemiabdomen inferior compatible, por su longitud, con las secuelas cicatriciales de una dermolipectomía descendente ubicada encima de la línea suprapúbica, en dirección ascendente hacia el ombligo, hasta contactar con el mismo; la cicatriz es de aproximadamente 23 cm en su lado derecho, y de aproximadamente 25 en su rama izquierda; exceso de grasa sobre la cicatriz así como en la zona púbica.

Para la solución del caso, la Sala ha determinado, en primer lugar, que nos encontramos ante un caso de cirugía estética, dado que la actora se prestó a la intervención facultativa para mejorar su aspecto estético, y por consiguiente incardinable en lo que se denomina medicina voluntaria o satisfactiva, respecto de la que se entiende que hay una aproximación al régimen jurídico del arrendamiento de obra o que se trata de una figura intermedia entre éste y el arrendamiento de servicios. Así, el Tribunal ha indicado que de las secuelas que presenta actualmente la paciente se desprende que las intervenciones quirúrgicas que le han sido realizadas no han conseguido el resultado esperado, pues sigue presentando exceso de grasa y unas cicatrices a la medida indicada a la altura del ombligo.

En cuanto al análisis de las intervenciones realizadas a la paciente, la Sala ha tenido en cuenta los informes médicos aportados por las distintas partes, basándose primordialmente en el informe pericial, en el que se indica que “el hecho de que el Dr. (…) ya apreciase en ese momento un exceso de piel suficiente como para indicar la necesidad de realizar una dermolipectomia que finalmente se realizó, me hace pensar que cabe la posibilidad de que la paciente se hubiese beneficiado desde el inicio de la realización de una dermolipectomía asociada a liposucción y que la liposucción abdominal de manera aislada fuese una indicación insuficiente para el caso que presentaba la paciente”, de esto se desprende que no fue correcta la elección del tratamiento aplicado en primer lugar, por insuficiente, debiendo de haberse realizado en primer lugar la demorlipectomía pues éste está indicado para los supuestos de exceso no sólo de grasa sino también de piel y no la liposucción que es eficaz en los supuestos de exceso exclusivamente de grasa.

En lo que a las secuelas respecta, la perito judicial ha informado de que las cicatrices que presenta la paciente consecuencia de la abdominoplastia no se encuentran en su localización habitual (suprapúbica, ligeramente por encima del vello púbico y ascendente en forma de cubeta hacia las caderas en sus extremos laterales), sino más alta (en el hemiabdomen inferior, a pocos centrímetros por debajo de la línea umbilical transversa).

En base a estos motivos, la Sala ha determinado la existencia de mala praxis por parte de los doctores que atendieron a la afectada.

Por otro lado, en cuanto a la falta de información alegada por la afectada, la Sala lo ha estimado ya que ha considerado que existe una infracción del deber de información, puesto que no ha quedado acreditado que la paciente fuera informada verbalmente sobre la existencia de dos técnicas, liposucción y abdominoplastia indicadas para supuestos distintos, la posibilidad de tener que realizar posteriormente una dermolipectomía si optaba por la liposucción aislada, menos agresiva pero que el resultado esperado podía ser insuficiente o no el esperado dado el aspecto que presentaba, ni de las posibles complicaciones que podían surgir, pues los dibujos existentes en la historia clínica se limitan a la descripción gráfica de las áreas a las que se iba a someter a liposucción sin que exista ninguna referencia a estos extremos.

Así, la Sala ha condenado al Centro donde fue intervenida la paciente al pago de una cantidad de 39.821, 6 euros, dentro de la que se incluye la cantidad correspondiente a nueva intervención para solucionar las secuelas que padece la paciente.