Es lógico que un caso como el de Alcorcón dispare todas las alarmas, pero hay que seguir insistiendo en que el riesgo por ébola para la población española en general es mínimo (y limitado a las personas que hayan tenido un contacto estrecho con la persona infectada) porque no estamos, como ocurría en el caso de la llamada neumonía asiática (o SRAS) ante un virus de transmisión aérea.

Sanitarios

Dos sanitarios estadounidenses desinfectan sus botas tras haber estado con un paciente con ébola.

El religioso de San Juan de Dios, Manuel García Viejo, permaneció ingresado en el Hospital Carlos III de Madrid durante cuatro días y falleció el pasado día 25 de septiembre, por lo que han pasado entre 13 y 15 días desde que la auxiliar infectada tuvo contacto con el ébola, el tiempo medio de incubación de este virus, que oscila entre los dos y los 21 días.

Ese contagio se debió producir por algún fallo en la cadena de aislamiento de los fluidos del primer paciente (orina, sangre, excrementos…), algo más comprensible en los países africanos -con una gran carencia de medios sanitarios- que en el entorno de unas instalaciones sanitarias occidentales. Asumiendo que el paciente estaba completamente aislado, y que el personal sanitario también actuó adecuadamente protegido con guantes, gafas y vestimenta apropiada, es difícil entender en qué punto de esa cadena de aislamiento y protección se ha producido el fallo.

Más aún, teniendo en cuenta que la persona afectada se trata de una auxiliar de enfermería, y no un médico ni un enfermero que cumplen otras funciones en contacto más estrecho con el paciente.

Lo que sabemos de momento sobre el ébola nos indica que durante el periodo de incubación, cuando el enfermo está asintomático, no se suele producir contagio. Pero decimos no se suele, porque no conocemos con exactitud la complejidad de este virus descubierto en 1976. ¿Es probable que un paciente que comience con síntomas a los 15 días de contacto con el virus haya empezado ya a transmitirlo a los 13 días? Nadie lo ha podido estudiar científicamente, ni ha habido ocasión de comprobarlo en otras situaciones.

Por eso, y siendo exhaustivos, lo lógico sería aislar a todas las personas que hayan tenido un contacto íntimo con esta paciente, para poder hacerles un seguimiento estrecho que nos permita detectar a tiempo cualquier síntoma que presenten (como fiebre, dolor de cabeza o vómitos), para que si eso ocurre no nos coja desprevenidos. Por eso, lo prudente sería incluso restringir los movimientos de las personas que hayan tenido un contacto estrecho con ella desde el inicio de los síntomas, no cualquier persona que se haya cruzado por la calle a lo largo de estos días.

Hasta ahora, el virus del ébola era una infección muy localizada, que afectaba sobre todo a aldeas africanas muy aisladas. Preocupa que la infección haya llegado a las grandes ciudades africanas, porque allí el cumplimiento de las cuarentenas y el seguimiento a los casos sospechosos es incontrolable. En España, en cambio, el riesgo para la población general sigue siendo mínimo gracias a que estamos ante un virus que no se dispersa por el aire. El riesgo, como se ha visto en este caso, está en el contacto con cualquier líquido biológico del paciente infectado y ése, desde luego, es un término muy amplio.

Juan García de Lomas es jefe del servicio de Microbiología del Hospital Clínico de Valencia

Fuente: elmundo.es