La Audiencia Nacional ha condenado al Hospital Naval de Cartagena por el fallecimiento por shock séptico de una paciente debido a un retraso ocasionado por la descoordinación entre los distintos servicios que atendieron a la paciente, estimando de esta manera el recurso presentado por la Asesoría Jurídica de AVINESA, en nombre de los familiares de la fallecida.

La paciente, que tenía 74 años de edad en el momento de los hechos, acudió el 10 de marzo de 2002 al Servicio de Urgencias del Hospital Perpetuo Socorro, aquejada de un dolor en fosa ilíaca derecha de 30 días de evolución, siendo derivada al Hospital Naval de Cartagena con el diagnóstico de “dolor abdominal a estudiar”, dónde se detectó una masa en la fosa ilíaca derecha.

En el Servicio de Urgencias del Hospital de Cartagena se confirmó el diagnostico y se suministró sueroterapia (fisiológico y glucosado), siendo trasladada a planta.

Al día siguiente, el 11 de marzo de 2002 se le retiró la sueroterapia y se solicitó análisis de perfiles, TAC abdominal con gastrografia y enema opaco.

Durante el día 12 de marzo de 2002 la paciente tuvo poco dolor, y se le realizó TAC abdominal al día siguiente, con el resultado de “… compatible con perforación de víscera hueca con formación de abceso y aire peritoneal en flanco derecho”, por lo que se solicitó interconsulta con cirugía.

El día 14 de marzo de 2002, con la sospecha de perforación de víscera hueca, se prescribió dieta absoluta y coger vía con suero fisiológico, avisándose de la situación al cirujano de guardia a las 11’45 horas, quien reconoció a la paciente sin encontrar signos de irritación peritoneal, e indicando que si el estado de la paciente empeoraba habría que hacer laparotomía urgente.

A las 15’45 horas de ese mismo día hubo que realizar la mencionada laparotomía urgente, sin embargo, tras la operación la paciente presentó “shock séptico refractario a drogas vasoactivas, fallo renal agudo, fracaso hermodinámico refractario a drogas, insuficiencia respiratoria aguda, acidosis metabólica (síndrome de fracaso multiorgánico establecido)”, produciéndose el fallecimiento en la UMI a las 5’30 horas del día 15 de marzo de 2002.

Según el informe del perito judicial, no se interrogó debidamente a la paciente. El mismo informe dice que en la exploración realizada ya en el Hospital Perpetuo Socorro se detectó una masa en la fosa ilíaca derecha, que es un signo que sugiere un proceso inflamatorio/infeccioso o tumor avanzado en la zona, bien del colon derecho, incluyendo el apéndice, bien de los órganos urinarios, o bien, tratándose de una mujer, de los órganos genitales. Por otro lado, en los análisis de sangre y orina que se realizaron se obtuvieron unos resultados que confirmaban la etiología inflamatoria/infecciosa de la masa abdominal, que por localizarse en la fosa iliaca derecha debía hacer pensar de entrada en los procesos patológicos más frecuentes localizados en dicha zona, y más concretamente, en apendicitis aguda evolucionada y complicada o si la evolución es prolongada en un proceso tumoral del colon, evolucionado y complicado. Pero como existen múltiples diagnósticos diferenciales que coinciden con los síntomas descritos, era obligatoria la petición de otras pruebas complementarias más complejas, como el TAC abdominal. Y dicho TAC, cuando se realizó y se decía que era compatible con perforación de víscera hueca con formación de abceso y aire retroperitoneal en flanco derecho, el médico de planta no avisó de manera urgente a cirugía y no instauró un tratamiento acorde con los hallazgos del TAC.

Concluye el perito que el retraso de 48 horas entre la realización del TAC abdominal hasta que la paciente fue evaluada por cirugía, sin un tratamiento antibiótico, son “…probablemente la causa de que el estado séptico de la paciente fuera irreversible”.

Por todo ello, la Sala llega a la conclusión de que la asistencia médica dada a la afectada no fue la adecuada, ya que la corrección de la asistencia médica obliga, no sólo a que la asistencia sea técnicamente correcta y a que la atención que se dispense a los pacientes sea la que indica y aconseja el estado del paciente en cada momento; sino que lo que la lex artis impone es que la asistencia se preste en el momento y con la rapidez y urgencia que pueda exigir el estado del paciente, pues de nada sirve una asistencia correcta pero prestada con retraso o prestada con una determinada demora que provoca el fallecimiento de un paciente que podría haber sobrevivido de obtener una actuación igual de técnicamente correcta pero realizada con mayor prontitud. En el presente caso, ante los síntomas que presentaba la paciente, según el Tribunal, tuvieron que realizar las pruebas pertinentes sin demora, y no esperar cerca de tres días para realizar dichas pruebas, y una vez hechas y ante una sospecha de perforación de víscera hueca, esperar cerca de cuarenta y ocho horas para que la viera el cirujano.

Así, para la Sala ha quedado lo suficientemente acreditado que hubo infracción de la lex artis en el diagnóstico y posterior tratamiento de la afectada, por lo que ha condenado a la Administración del Estado al pago de una indemnización de 30.000 euros a la familia de la paciente fallecida.