Desde que en marzo del año pasado se realizara el primer implante craneal, los centros de investigación han potenciado la técnica de impresión en 3D aplicable al paciente. Entonces, una holandesa de 22 años reemplazó por completo su cráneo por uno imprimido. El suyo era demasiado ancho y la presión que ejercía sobre su cerebro le hacía peligrar su vida. El responsable fue el Hospital Universitario de Utrecht, en los Países Bajos.

Desde entonces, muchos se han interesado por los beneficios en la impresión en 3D y en esta técnica en concreto. Tanto, que quien ha empezado a apostar fuerte por ello ha sido la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que junto con el Hospital General de México han diseñado e imprimido ya tres implantes craneales hechos a la medida de las lesiones de los pacientes receptores.

El implante se crea gracias a las técnicas de diseño asistido por ordenador, a partir de la información tomográfica de la lesión del paciente y su posterior impresión con impresoras 3D. En este caso, el responsable principal de ellos ha sido Leopoldo Ruiz Huerta, doctor en ingeniería mecánica en el Laboratorio Nacional de Manufactura Aditiva, Digitalización 3D y Tomografía Computarizada (MADiT) de la universidad.

Este laboratorio utiliza una tecnología de manufactura aditiva llamada Modelado por Deposición Fundida, donde la pieza se diseña y visualiza en el ordenador, luego se traza la geometría del molde del implante y una máquina rellena el contorno con varias capas de la resina hasta lograr el volumen, la densidad y las curvaturas particulares. “El equipo, de precisión sorprendente, emplea un programa que delimita el área de la pieza y forma el molde para el implante capa por capa, hasta lograr el volumen deseado”.

Una de las principales dificultades fue minimizar y eliminar la formación de pequeñas burbujas de aire dentro del implante, que puede complicar la situación con infecciones. Por eso se ha trabajado en lograr piezas homogéneas, transparentes y sin burbujas que se colocan en la zona afectada, con lo que se minimiza el uso de tornillos, costuras o pegamentos acrílicos para ajustar el implante al cráneo. Como resultado, ya hay tres personas que llevan este implante.

Fuente: consalud.es