El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha estimado el recurso presentado por la Asesoría Jurídica de AVINESA, por el fallecimiento de un paciente al que se le provocó daño cerebral durante una intervención quirúrgica cardíaca.

El afectado acudió el 13 de marzo de 2003 al Servicio de Urgencias del Hospital Ramón y Cajal por un cuadro de angor de esfuerzo y posteriormente de reposo, siendo diagnosticado de angina de pecho e ingresado en la UCI.

El mismo día se le realizó coronariografía y se informó de aorta ascendente dilatada, válvula aórtica calcificada y arteria coronaria circunfleja obstruida.

Días más tarde, se realizó ecocardiograma con el que se diagnosticó doble lesión aórtica y aneurisma de aorta ascendente, decidiendo reparar los daños mediante sustitución de la válvula aórtica y de la aorta ascendente por prótesis.

Durante la intervención, los cirujanos descubrieron que además de presentar aorta ascendente aneurismática, ésta estaba disecada, por lo que la cirugía que había que realizar era más compleja, teniendo que sustituir también el arco aórtico. Bajo circulación extracorpórea con enfriamiento corporal por debajo de los 30 grados se procedió a la sustitución de la válvula aórtica y con enfriamiento por debajo de los 20 grados y parada circulatoria se procedió a la sustitución del arco aórtico por una prótesis vascular tubular con reimplante de lostroncos supraaórticos.

Cuando el paciente se recuperó en la UCI de la anestesia, se comprobó que existía daño cerebral al objetivar la dificultad de la comunicación y dificultades para mover las extremidades; se solicitó TAC cerebral y se diagnosticó infartos cerebelosos agudos siendo calificado como encefalopatía anoxica secundaria a hipoperfusión cerebral, fue necesario la realización de traqueotomía y alimentación parenteral, siendo dado de alta en la UVI el 16 de abril de 2003 pasando a planta de cirugía cardiovascular.

Durante los meses siguientes, en los que el paciente permaneció ingresado en el hospital, éste sufrió distintas infecciones por las que tuvo que ser ingresado en UCI, además de sufrir escaras por encajamiento, teniendo que permanecer aislado y realizando rehabilitación en la habitación.

Finalmente, y debido a las secuelas neurológicas y al dilatado periodo de hospitalización, el paciente falleció el 4 de febrero de 2004.

Teniendo en cuenta las conclusiones de los distintos profesionales sanitarios que han intervenido en el procedimiento, el Tribunal ha concluido que existió nexo causal entre el retraso en la actuación sanitaria y el resultado de la anoxia cerebral, ya que se dio una complicación neurológica añadida a la cardiaca debido al procedimiento de mantener isquémico el cerebro del paciente durante 50 minutos, si la disección aórtica que padecía el paciente se hubiese diagnosticado y tratado antes, no hubiera sido necesario este procedimiento y, por lo tanto, había menos posibilidades de que se dieran las complicaciones neurológicas que tuvieron lugar.

Además, de esta situación, se ha demostrado que faltó un correcto consentimiento informado, ya que el documento que firmó el paciente era un formulario ordinario.

Por estos motivos, la Sala ha condenado al hospital al pago de una indemnización de 35.000 euros a la familia del fallecido.