El Juzgado de lo Contencioso-Administrativo Nº 1 de Mérida ha estimado el recurso presentado por la Asesoría Jurídica de AVINESA, en nombre de una paciente que fue operada de cataratas y perdió la visión del ojo operado.

La afectada acudió el 24 de abril de 2003 al Hospital de Don Benito-Villanueva para ser operada de cataratas en el ojo izquierdo, siendo dada de alta el mismo día. En las revisiones del 25 y 29 de abril se observó que el ojo estaba muy inflamado, perdiendo incluso la visión, no distinguiéndose más que bultos y padeciendo dolor y molestias, sin embargo, los facultativos le indicaron que dichos síntomas eran normales y le prescribieron gotas, antiinflamatorios y antibióticos hasta la próxima revisión. Desafortunadamente, el 9 de mayo se confirmó que dichas molestias se debían a desprendimiento de retina a causa de la cirugía de cataratas, lo que exigía que fuera reintervenida cuanto antes bajo riesgo de perder la visión del ojo izquierdo, reconociendo los facultativos que la intervención de cataratas sí tuvo complicaciones pues sufrió rotura de cápsula posterior. Decidida una vitrectomía, en lugar de un cerclaje, la paciente fue derivada al Hospital del Perpetuo Socorro de Badajoz, donde el Dr. Bueno decidió un cerclaje, que se podía hacer en el Hospital de Don Benito-Villanueva, y así el 28 de mayo de 2003 se realizó en este Hospital “cirugía escleral de ojo izquierdo”. Tras cinco días de espera se comunicó a los familiares que la intervención había fracasado pues “quedó una bolsa inferior desprendida”, ante lo cual se cursó nueva propuesta de vitrectomía urgente al Hospital del Perpetuo Socorro de Badajoz, recibiendo como respuesta “inclusión en lista de espera no urgente”, siendo intervenida finalmente el 10 de junio de 2003. Una vez finalizada la intervención, la retina permaneció pegada, pero con posterioridad la recurrente comenzó a sufrir fuertes dolores, párpados semicerrados, sequedad en ambos ojos, tensión ocular, una pupila excesivamente dilatada, y deforme, además de no distinguir más que bultos. En la última revisión indicaron a la recurrente que no mejoraría respecto de su estado en aquel momento porque las células que murieron los primeros días eran irrecuperables, lo que confirma que el tiempo es un factor muy importante en los casos de desprendimiento de retina, pero este hecho no fue tenido en cuenta por los centros que intervinieron y trataron a la recurrente. En cuanto a la deformidad producida en su pupila, los médicos refirieron que la causa fue una lente demasiado grande y una nueva intervención no mejoraría su visión y sería arriesgada por poderse producir un nuevo desprendimiento de retina, siendo en ese caso una operación de estética.

Examinados los informes obrantes en autos, a saber, pericial y de la inspección médica, existen una serie de datos coincidentes que han llevado a la conclusión de la existencia de una mala praxis, y es que una vez detectado en fecha 9 de mayo de 2003 el desprendimiento de retina, la intervención oportuna, bien sea el cerclaje, bien sea la vitrectomía, debía realizarse de forma urgente. En el caso de autos, el retraso en la operación (cerclaje efectuado el 23 de mayo de 2003) determinó que lo que en principio era un desprendimiento de retina sin afectación de mácula, acabara afectando a ésta, se acentuaron las tracciones y se extendió a la retina temporal inferior. Resulta acreditado que en efecto si desde un principio y nada más detectarse el desprendimiento de retina se hubiera tratado con un cerclaje escleral, aquél se hubiera resuelto, y evitado la vitrectomía posterior, e incluso, aunque ab initio se hubiera decidido la vitrectomía urgente, se hubiera evitado su extensión a la retina temporal inferior, la afección macular o el aumento de las tracciones vítreas. En cuanto a la pérdida de visión del ojo izquierdo se debió con toda probabilidad a la tardanza en el tratamiento quirúrgico, y en cuanto a la agudeza visual final si bien es difícil saber cuanta hubiera tenido si se hubieran realizado antes los tratamientos quirúrgicos, un factor negativo para dicha agudeza vino determinado por la afectación de la retina, algo que se hubiera en cierta medida paliado de evitarse el retraso en algún tipo de intervención, demora, que como ya se indicó, determinó la extensión a la retina. Sin duda, el retraso en las decisiones quirúrgicas y los distintos traslados fueron causa de la mala evolución de la paciente, quien de haber sido intervenida de urgencia en el momento de detectarse el DR su pronóstico de evolución visual hubiera sido más favorable. La Inspectora Médica ha venido a coincidir con dichas apreciaciones en tanto que indica en su última conclusión (después de constatar que la paciente presenta agudeza visual de 0,3 con 5 dioptrías en el OI y probable glaucoma bilateral) que el resultado hubiera sido mejor si el tratamiento se hubiera realizado sin afección macular.

La Sala ha concluido, por tanto, que se ha dado “pérdida de oportunidad”, porque ante un tratamiento puntual y en su tiempo de la diagnosis, con una probabilidad rayana en la certeza se hubieran podido aminorar los resultados de la enfermedad diagnosticada, es decir, si se hubiera reaccionado de forma inmediata contra el DR, la paciente hubiera tenido la oportunidad de obtener un resultado más favorable en orden a atajar o aminorar las secuelas de su padecimiento.

Por estas razones, el Juzgado ha condenado a la Administración al pago de una indemnización de más de 30.000 euros a la paciente afectada.