Carmen Ravichagua no lloró de alegría tras ser madre, sino de rabia y desesperación. Había soñado con aquel momento desde que, a los 18 años, emigró desde su Lima natal (Perú) para trabajar como empleada doméstica en Madrid.

Tras seis años de esforzados ahorros, regresó a su país, conoció a su marido y juntos compraron una casa. Todo para que aquel 7 de mayo de 2004, tras pasar por una cesárea, un urólogo vaticinara que su hijo «iba a morir en poco tiempo, a la primera infección».

Tres años y medio después, Benjamín tenía ayer el pelo encrespado y estaba de mal humor. Había aterrizado en Barajas a las seis de la mañana y, tras dormir un poco, despertó al mediodía desconcertado, en una casa extraña y sin su padre cerca, al que la falta de dinero y visado ha impedido, por ahora, acompañar a su familia. Pero pese al disgusto del niño, el viaje a Madrid es «la última oportunidad que tiene de crecer sano y tener una vida feliz», cuenta su madre.

Benjamín nació con espina bífida y un cúmulo de malformaciones en todos los órganos del bajo vientre. Para asombro de los médicos, ha crecido sin problemas, hasta convertirse en un chaval «listo, cariñoso y muy vivo», pero la amenaza de una muerte prematura le sigue acechando si no es sometido a varias intervenciones que rehagan su aparato urinario.

En Perú, admite Juan Corrales, del Instituto Nacional de Salud del Niño de Lima, estas operaciones no son posibles: «Las malformaciones que sufre sólo ocurren en uno de cada 250.000 recién nacidos, y requieren una cirugía muy compleja de la que no tenemos experiencia».

El futuro de Benjamín pasa por los cuidados que reciba del equipo de Cirugía Pediátrica del hospital 12 de Octubre desde el próximo jueves. «Su estado es grave y debemos estudiar hasta dónde podemos llegar y cuántas intervenciones necesitará», explicó un miembro del equipo.

La llegada de Carmen y Benjamín a Madrid es fruto del empeño de María Antonia del Moral, de la Asociación de Víctimas de Negligencias Sanitarias (Avinesa). «La familia en la que trabajó Carmen hace años nos pidió ayuda y nos pusimos en marcha», recuerda Del Moral.

Primero hubo que contar con el apoyo de la Consejería de Sanidad: «Queremos agradecer lo rápido que han ido en ofrecernos sus hospitales», destaca. Luego se buscó una vivienda social en la que madre e hijo se alojen durante los más de seis meses que estarán en Madrid. Avinesa, por su parte, asumirá los gastos de manutención de la familia. Y por último, Carmen tuvo que echar mano de sus ahorros y de la ayuda de amigos y familiares para pagar los billetes a Madrid. «Aunque aún nos falta dinero para asegurar que estén bien aquí», concluyó Del Moral.

El cansancio y la ilusión se turnaban ayer en el rostro de Carmen, que ahora reza para que «todo salga bien».

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