El Juzgado de Primera Instancia Nº 60 de Madrid ha condenado a un oftalmólogo al pago de una indemnización de más de 100.000 euros a un paciente al que le provocó un desgarro de retina que le llevo a la pérdida casi total de la visión del ojo izquierdo.

En 1989 el afectado acudió por primera vez a la consulta del oftalmólogo condenado por dolores de cabeza y molestias a la luz, diagnosticándole ligero glaucoma corneal y opalescencia cristalina en el ojo izquierdo.

Dos años después, el paciente pasó el examen de visión del carnet de conducir sin apreciarse patología alguna y, posteriormente, fue considerado apto para el servicio militar.

En 2001 el paciente vuelve a la consulta del oftalmólogo condenado por presentar disminución de la visión del ojo izquierdo, diagnosticándole el facultativo una catarata hipermadura en dicho ojo para lo que le indicó tratamiento con cirugía por facoemulsificación y colocación de lente intraocular.

El paciente aceptó la práctica de esta cirugía firmando un formulario de consentimiento informado general, llevándose a cabo la intervención sin ningún problema aparente. Meses después el paciente acudió a consulta por luxación de la cámara intraocular y se le opera de urgencia de vitrectomía sin utilizar Decaline, un medicamento necesario para ayudar a reflotar la lente, porque no existía en la farmacia del hospital. Durante la operación se produce un desgarro de la retina al tratar de reflotar la lente con un vitreotomo. Se coloca la lente y se sella con láser.

Días después, el paciente acude a urgencias por pérdida de visión en el ojo operado, apreciándose desgarro retiniano y grandes bolsas en dicho ojo. El demandado le opera de urgencia realizándole vitrectromía con cerclaje y utilización de endolaser, dejándole como taponamiento aceite de silicona. Posteriormente, entre febrero y septiembre de 2002, se le realizan una serie de operaciones: se le coloca un implante transescleral, se le retira el cerclaje por dolor en el ojo, se le practica una operación de retroinserción para centrar la visión del ojo, se le retira el aceite de silicona, se le cauteriza la cicatriz y se le interviene para reponer el iris.

Finalmente, el paciente acude a otro especialista, quien le diagnostica una agudeza visual del ojo izquierdo consistente en que sólo percibe luz, presión intraocular con tratamiento de 22 mmHg y desprendimiento de retina con aceite y vitreon en cámara vítrea por lo que le remite al Instituto de Microcirugía Ocular de Barcelona.

El Juzgado ha estimado la demanda presentada por la Asesoría Jurídica de AVINESA, en base a la teoría del daño desproporcionado, pues ha quedado demostrado que el paciente llevaba una vida normal al tiempo de iniciar el tratamiento, ya que conducía y no tenía pérdidas significativas en el ojo afectado, y actualmente su agudeza visual es muy baja ya que sólo percibe luces y tiene la córnea edematosa e irrecuperable por el contacto con PFC.

Además, el Juzgado ha considerado que el condenado no extremó las precauciones al llevar a cabo la operación que se le practicó de urgencia al afectado, pues no verificó antes de iniciar la operación que dispusieran de Decaline, así como también se ha considerado una mala práctica las sucesivas operaciones a las que se sometió el paciente, pues ha quedado demostrado por los distintos peritos que con una vitrectomía se podía haber retirado el aceite de silicona y el vitrion.

En cuanto al consentimiento informado, el Juzgado ha considerado que el condenado no cumplió con los requisitos establecidos legalmente pues solamente le entregó al paciente un formulario de consentimiento informado general sin incidir en los riesgos que conllevaba la práctica que se le iba a realizar.

Por esta razón, el oftalmólogo tendrá que indemnizar al paciente con más de 100.000 euros.